Sólo tu sabes hacerlo, sacar lo peor de mi, lo más obscuro, lo secreto, lo que nunca nadie quiso ser excepto nosotros en nuestra infame perversión. Con juegos que sabes no podrás controlar, jugando con fuego, they say. Pero, ¿que hay de esa piromanía que siento cuando te acercas? Quiero que todo arda, que los libros y las rosas se consuman en un orgasmo final pero sin fin, acercándose a esa minúscula muerte, paro de corazón, donde todo adquiere sentido y deja de tenerlo a la vez, dicotomía iniesta de tus caderas y oblicuos, y de allá por donde fui a perder la razón.
Por que, ¿cuál había de ser satisfacción más grande que ese temblor de mis poros al verte llegar? Comprender que para esto se hizo al hombre, comprender que nuestra vida es tan vana y tan rápida que el único consuelo es encontrar el placer, tarea a la que he consagrado mi vida, esa vida que comenzó en la punta de tu lengua y terminará en ese mismo lugar.
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