No veía nada, sólo escuchaba el ruido de las olas al romper en la playa, sentía la brisa del mar en mi cabello y el sabor a sal de tus besos en mis labios. No veía nada, sólo sentía la granulosa arena en la planta de mis pies descalzos, sólo imaginaba la grandeza de tu océano. No veía nada, ni el azul turquesa de tu pensamiento ni la espuma blanca de tus lágrimas. No veía nada, porque no te veía a ti.
Y sólo imaginaba... Hobby de los soñadores, de los ineptos y de los locos. Pero, ¿quién no está loco ya? ¿O te volviste cuerdo? Me gustabas zafado, dañado y enfermo. Ahora sólo está el mar, pero no estas tú, y por eso, y sólo por eso, no quería ver, así terminé alimentando a las gaviotas cual Edipo, bendito autocastigo.
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