Yo miré el viento en busca de tus ojos, de tu cabello, de tu sonrisa, de tu aroma. Intenté observar la forma en la que el viento movia las hojas de los árboles y los globos de los niños, para adivinarte ahí escondido, ahí perdido. Procuré no parpadear para no desintegrarte con el filo de mis pestañas. Pero, eso sí, procuré respirar mucho para, de alguna forma, tenerte dentro de mi.
Miré el viento y no estabas. Miré el viento y no te vi. Miré el viento y no te sentí. Ojala no te hayas dañado con las alas de una mariposa. Ojala no te hayas detenido emtre las hojas de una jacaranda. Ojala no te haya deshecho el calor.
Tal vez llegues de noche, como la otra vez. Tal vez te cohibiste con el día, como la otra vez. Tal vez me quede vacia esperando tu regreso, como la otra vez. Aquella vez, tu vez.
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