10.14.2011

¡Adios, Quintana Roo!

Hoy romperé con el estilo que les había manejado desde un prinicipio, lo cual me causa tristeza, pero deben saber que es por dos motivos, el primero, el hecho de estar a punto de salir a divertirme con mis amigas a un tugurio de Playa del Carmen no fomenta la inspiración; y segundo, estoy triste porque mañana le digo adios a este hermoso lugar.

¡Oh, Cancún! Como extrañare tus playas hermosas, de mar de color azul turquesa, tu arena hecha de harina, y lo mejor... los extranjeros que visitan tus playas en busca de diversión desenfrenada. Just kidding. Pero lo cierto es que sí extrañaré Cancún, donde viví los 3 días más parranderos de mi vida.

Asimismo, tendré que decir adios a Playa del Carmen, donde encontré la diversión capitalista en su Quinta Avenida, cuya playa condensa cuerpos morenos sedientos de sol quintanarrooense, sol que en su seno lleva el ritmo acompasado del universo.

Por esto y otros motivos más personales pido me dispensen de faltar a mis relatos cortos por esta vez, pero deberán comprender que en el paraíso no hay necesidad de soñar con él.

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