9.21.2011

A placer

Mátame, esa muerte momentánea que con tanta ansía buscas entre todos los muslos dispuestos a ser seducidos por tus palabras vacías y miradas llenas. Promesas que haces a los cuatro vientos, promesas que te compran al precio de un Picasso original, promesas que cual mariposas no pesan nada. Pero lo que vale la pena, aunque tu no te hayas dado cuenta, es el instante a tu lado, ese preciso momento en el que el pecado se vuelve bendición, dicotomía inherente a tu sonrisa.

Tu mala compañia se ha vuelto la obsesión de las mentes inocentes, pervertidas desde el momento en que tus labios se atreven a rozar sus labios virginales. Pero a ti no te importa, no te perturba su entrega, ni te emociona su pasión, porque tú te has vuelto inmune a las trampas del amor, dime ¿se debe a malas experiencias? ¿Ahora deben pagar ellas que timidamente te han entregado su corazón y su cuerpo?

No, tu no estas inmune, tu eres selectivo. Y me seleccionaste a mi para ser depositaria de tu verdad única, tal vez reconociste a un igual desde el primer momento, tal vez estaba marcada y tú eras la única persona capaz de verla. Como alla sido, y como será estuve ahí, al principio arrogante, hasta que me percibí tu esencia en la mía, ya me habías contagiado. Y cuando Él me vio se percinó, ¿sabes el motivo? Tal vez por ángel, tal vez por diablo.

Sólo te pido algo, devuelveme mis alas, esas que mordiste queriendo enjaularme; devuelveme mi aire, ese que me quitaste con la primera directa; devuelveme mi fidelidad, esa que me quitaste con la mirada. Devuelvemelo todo o nada.

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