9.14.2011

Al Natural

Me gustas así, naturalito, puro, como cuando saliste del corazón del maguey, todo tú, ungido en el elixir de los dioses aztecas. Tu boca sabor a tuna, fruto del cactus que, como tu piel, lastima al que se atreve a tocarlo. Tú, que fuiste engendrado por una pluma, tú que saliste del vientre de tu madre dispuesto a protegerla y con ella a todo lo que engendraba su fértil existir.

Tú, que tu cabello fue hecho de sol y tus ojos de cielo, pero lo más increíble, tu piel de luna. ¡Que alguien se atreva a desmentir que fuiste engendrado por el mismísimo Quetzalcoatl, del cual recibiste tu imagen, güero!

Ponte así, naturalito, regresa a tu estado salvaje, cuya marca llevas en el pecho, indomable. Sólo no me salgas con todo y tambores, guerito, sabes que a eso de lo trival sólo lo hago a veces, ¿a poco no, mazunteño?. Lo digo en serio, regresa a tu estado de tigre blanco, al de depredador, al de espía, al de astucia nata.

Acéchame, acorrálame, atácame, te doy permiso aunque actuaré como sorprendida. Gritaré y me defenderé, pero procuraré no herirte porque ambos sabemos que tu sangre es de mezcal y no queremos ponernos otra de esas pedotas, ¿o sí?

Así que ya lo sabes, me gustas salvaje, tal y como yo te gusto a ti.

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