Mi inútil indeferencia, mi ya trabada sonrisa, mi falsa arrogancia. ¿Para que nos hacemos los mensos? Ambos sabemos lo que puede llegar a suceder, sin embargo, nos es fácil hacernos de la vista gorda. Porque tu no pararás hasta que yo misma me haya deshecho en mil pedazos. La forma en la que con palabras llegas a besar mis labios desnudos ante tu locura, éxtasis total, lealtad efímera.
Dime, corazón, cómo no morir entre tus brazos de mar, entre tus piernas de pez espada, entre tu cabellera de algas. ¿Porqué quieres matarme? Toma mi vida, anda, te la ofrendo a ti, tritón de los siete mares. Y aparezco cual sirena entre tus redes hechas de mentiras y justificaciones, sirena a la que le has cocido los labios para no poder cantar, y así hacerte naufragar.
Véte lejos, sálvame, tritón. Aléjate y termina esta humillación, este teatro de figuras grotescas, máscaras griegas, ya sabes, una que llora y otra que rie, ¿pero quien realmente llora, el que rie? Maldito Neptuno lleno de paradojas irreversibles.
-Pero escucha, escucha bien, ¿lo has escuchado? Pareciera que Dios ha tomado nuestro mundo y lo ha frotado cual objeto preciado, cual plateria fina, cual recipiente valioso. Escucha detenidamente y dime lo que oyes, que debes saber, hay una gran diferencia entre oir y escuchar.
-¡Ahí! ¿Lo escuchaste? Pareciera que todo el universo se mueve pero no puedo notar el cambio, ¡exacto! A eso se oye, a cambio. Suena como a shhhhhhhhhhh combinado con ommmmmmmmmm. No. No, suena a violines, violines a lo lejano, ¿es esa una canción que conozco?
-Ha de ser alguna ópera, la he escuchado antes aunque no se donde, no me acuerdo. Pareciera que he nacido con esa canción, no recuerdo su nombre pero se que la conozco, que forma parte de mi, ¿sabes?
-Espera, cállate, ¿qué es lo que pasa, Diablo? ¡Nooo!
Nuestro mundo empezo a caer, nuestro barco comenzo a naufragar, tritón. Todo se desmoronó enfrente de nuestros ojos, primero lentamente y luego con una gran explosión. Intenté tomar tu mano, pero en vez de tu presencia había nada, todo estaba oscuro, frío, lejano, enorme. Tuve miedo, grité y no salió nada de mi garganta, sólo un par de lagrimas humedecieron de mis ojos. Ya no estabas ahí, ¿a donde fuiste?
En la cabina, escuchando la ópera de Orff, el capitán observó los pedazos de vidrio regados por el suelo que alguna vez contuvieron una miniatura de un barco. Nuestro barco.