8.28.2011

Wicked Game

-Nunca me he sentido de esta forma, y a la vez me agrada y detesto que sea contigo.
¿Quien diera la vida para estar junto a ti un rato más? Respuesta estúpida si ya sabemos la respuesta. Y tú, el que representas tanto el paraíso como los pecados te desenvuelves en este mundo como si hubieras nacido mortal, para tu desgracia tú y yo sabemos la verdad, ¿verdad, Diablo?
Y todos los días resultan apocalipticos a tu lado, quien fuera Dios para obedecer tus caprichos y deseos, sí, aquellos trabalenguas que me enseñaste. Me preguntas si esto es normal, y ambos fingimos que lo es pero, en el fondo, sabemos que no es así.
¡Ácabame de matar! ¿Para qué me dejas herida? Not your kind of music, right? Y lo que más me molesta y me encanta de ti, tu sonrisa, y que estes lleno de estas dicotomías pendejas. ¿Porque no te decides? Sé sólo malo, o sólo bueno, como quieras, pero deja de tener dos caras, Dr. Jekyll. 
Lo único que logras es que quiera sacar a mi Otro Yo, ese que habita en el fondo de mi maquiavélica cabeza y al que por mucho tiempo deje encerrado, confinado en ese mundo de obscuridad y olvido. Y llegas tú con tus ideas inmorales, seduciendome con palabras que sonaban hermosas pero conllevaban una suerte de magia negra. Y obligas al Otro Yo a despertar, y a veces lo descubro devolviéndome la mirada a través del espejo, pero no quiero que salga, porque es cómodo seguir asi, siendo un desmadre a mi manera, como dices. Pero el Otro Yo se está volviendo más fuerte, ya te dije que lo he visto, y me incita a la antropofagia... 
Que palabritas tan domingueras me has enseñado, Diablo.

8.24.2011

Mi instinto crustáceo

Te encuentras a mi lado, sentado en la arena, e intento gritarte pero no me escuchas, las olas revientan demasiado fuerte. ¿Porqué te paras? ¿No quieres seguir a mi lado? Dejas que las olas bauticen tus pies nazarenos, y me volteas a ver.
-Acércate, cangreja...
Mientras yo y mi instinto crustáceo nos refugiábamos en la piedra que se mueve, intentando encontrar asilo ante tu mirada que colapsa mundos. Y tú, tu lo sabes bien, y por eso te gusta verme así, haciendo que nuclearmente estalle por dentro.
Y te reíste, muy fuerte, extasiado, ante tu posibilidad de poder crear figuras que me dieran miedo o que me hicieran reír.
-Ven, Diablo, está linda la mar.
Y yo, que obedezco con fe ciega y estúpida, te hice caso. Pero cada paso que daba me alejaba más de la orilla, y te burlaste riendo demasiado fuerte, tan fuerte que fue lo único que escuché por días, tu maldita risa y su eco, y el eco del eco.
Pero al fin llegué a tu lado, no me volteaste a ver, te metiste en el mar cual tritón. Y yo en verdad no quería zambullirme en tus mentiras, pero lo hice, con todo y mis reservas. 
No volví a salir del mar. Mi epitafio se escribió con algas.